HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He puesto a hacerse el cocido en la olla a presión y he dado de comer a Kavka. He seguido con las cervezas y con los duendes desterrados de diciembre. A veces todo empieza a ir bien sin haber cambiado absolutamente nada. De lo cuál deduzco que mi desastre y mi gozo, no depende de la tierra y nunca de los hechos. Es entrópica y vagabunda la felicidad y la tragedia. Somos pájaros del incendio. Somos las ruinas amasacradas de tu escritura. Somos accidente y su botella dádiva de vino, sexo de estrellas, de motines del anacronismo, del amor sin pronombre, de las ganas sin futuro. Del absurdo melancólico de tu belleza y de tu presidio... y la alegría del claqué con la vida volada por los aires, peinándote las canas en el espíritu de los perros destruyendo las señales y el retorno. Enamorado violín de las brechas. Todas las vidas y todas las muertes en las botas del baile.

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