HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He sido feliz en la naturaleza. Sin pensar en los agujeros del "yo soy". Ni en el quebranto de mis muertos. Ni en la sed de la poesía. Ni en la necesidad del verbo ni del horizonte. Sólo he estado fusionada por la belleza del paisaje, por la vehemencia del perro. Por el crotorar de las huellas de éter. Incluso he corrido. Antes de que estuviera Kavka, como mucho corría porque se me escapaba el autobús. Bueno también en la mar, la mar era un hechizo.
Hoy mi felicidad se basa en la abrasión de lo más simple y humilde. En esos lugares donde no son necesarias las palabras ni los recuerdos, donde no existe el pasado ni el futuro, donde nada duele, porque nada es mío ni nada es carencia, ni ambición. 
Cuando tengo que usar las palabras, acabo sufriendo la desesperación y la cortante despedida que ellas me provocan. 
Mi sueño es vivir como alguien del s.XIX. En una cabaña, cerca del bosque y de la mar. Con animales. Felizmente sola. Felizmente lejos del mundo de las palabras y del civismo. Darme a la alfarería del libar de las flores. Darme a los duendes. Darme al Infinito y morir como un lobo y como una ola de la mar. 

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