HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hiere esa voz desmembrada de la calima en el paso invicto hacia ninguna parte.
Todo ese amor que mutó en una mueca de tiza sobre un tren abandonado. En el moho de la rosa cuando la nieve encima cubre tu cuerpo con versos desangrados. Esa alegría inocente de un kamikaze salto sobre lo incognoscible, hoy acuchillado en el roer de tus piedras sobre mi cuerpo lleno de frío e irreparablemente lejos de tu vals.
El traspapeleo de la entelequia de tus noches estrelladas sobre los moratones de una resaca en una estación de escombros. Aguantando en la mirada el exilio del sol y gritando sin vocales la erosión de tu muerte en mis azaleas.

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