HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hila tu vehemencia mi pared francotirada en la risa derretida del payaso. Y en la angustia de los bares te desvela en mis huesos y en mi cuchillo, la palabra y su ausencia. Todo lo ultrajó la literatura y hoy títere de su corazón finjo echarte de menos y sentirlo cuando ya soy incapaz a distinguir el poema de la cuneta y mi vida de los dados desatados de la carnicería de palomas.
Porque la urdimbre de la penumbra en la lírica agotó mis sentimientos, los hizo pechos de una madre amamantando la enfermedad y la frontera de un oblicuo olvido que tragó de tu sed el whisky. 
Todo lo verdadero y todo lo ficticio se sostiene en la misma sombra sobre mi alma.
El camino es del helio. Las palabras escondidas han percutido en el reflejo incendiario de tus ojos dentro del océano, rasguñando una caligrafía que muy cerca de tu desaparición golpeó tu alma a la cicatriz de los violines que mis puertos del delirio golpeaban en las ventanas roidas de siglos torturados en tu cigarrillo de hash, clavando en mis huesos quimeras de lluvia.

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