HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy se abren las ventanas de los caminos en la curva de tus difuntos sentados a mi mesa, tragándose las rosas y las espinas desde mi pecho.
Nací entre columpios de arándanos y de alambres, amando algo que no existía, defendiendo mi vida por lo que me susurró cuando exilié mi cuerpo de la tierra.
Me crié entre sapos que renegaban del lodo y malvendían la pobreza en prostíbulos de civismo. No me separé de su sucia y zarrapastrosa calle, ni de su corazón agujereado por la oscuridad del universo, herido por los golpes del poder cuando su estrella invicta prefería la nada, a ceder la voz y el hacha... a arrodillarse, a perder el vino en la casa del apestoso burgués.
Crecí con las patadas de Franquestein... señalándome el camino. Vagabundamente, hermana de una hoguera en los brazos de la mar y del olvido
Crecí perdiendo con vanidad mi futuro entre el futuro de la sociedad. A cuna de golpes y destierros. A desamores intravenosos llenando de vaho mis ventanas de la casa de las ruinas. Con mi sombra unida al amor de un perro. Con mi sueño en el primer sueño. Con mi sangre.. en el abajo y en los barracones, junto a todos los que perderán mientras siga vivo el capitalismo.

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