HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy volveré al pueblo. Necesito involucrar los gérmenes de Alicia en el golpeado pasillo de los motivos suicidas de tu silencio sobre el retorcido de mis páginas cuando se muere de sed la voz entre las butacas de los ahogados, predestinados a tu obra, como alfiler de fuego en el ojal de una melancolía marmórea de las huellas cicatrizadas en la fractura de tu guitarra.

Es oblicua la relación con la metáfora y con el cuchillo de la soledad. Aquello que a veces lo niega y lo defrauda todo en la merca ambulante del nihilismo. En la abrasión del vaciamiento.. respecto a un metalenguaje que se nutre del veneno de una manzana cuando en tu rostro el amor es una coraza de espinas.

Y entre estos caminos de la sombra.. Molov sorbe el insomnio que desguaza en tu casa mis diarios. Lo empuja cruel en la herida de mi piel frente al resplandor. Y tú estabas allí, pero era antes y era demasiado tarde para desvirgar los poemas que la noche despedazaba cuando un pronombre entre nuestras piernas era testigo y espía de los golpes que el tiempo amortiguó en la literatura que jugó a devolverte aquél marzo desde el infierno y evocar los álamos sin el pretexto del romanticismo ni del futuro en esas trampas que empapé en tus cuchillos.

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