HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy voy a pintar los azulejos del baño. Voy a borrar lo que había escrito porque no lo quisieron las arañas ni mis queridos sepelios suicidas sobre tu epístola boca abajo a la mano de la helada negra. Antes quiero hacer un vídeo. Vuelvo a tomarme la vida con la sensación del infinito y el tictac de las crisálidas. Porque acá pastamos mis franquestein y mis alicias, en paz de aquelarre y maza. Sin el tiempo de la civilización ni las prisas de la muerte.  Vuelve a ser inmensamente ancho el murmuro del ácaro y el de la caliza. El vino dura, doscientas vueltas alrededor del sol en los labios de madera de mi espigador cazador de tormentas y de sangre de girasoles. Vuelvo a conectar con la albura de mi absurdo y mi metamundo pinchado en la pata de palo de un pirata y un vendedor de gasolina en el corazón del desierto. Mi soledad me devuelve serotonina para darle corazón a mi caja de ceras y a mi penumbra. Me siento la única superviviente de un viaje a Mercurio y a la cima del fracaso. Enamorada de algo que no puedo comprender. Otra vez valiente para perderlo todo en el estremecimiento de una rosa. Otra vez en la vida abriendo surcos en la materia inerte para mullir golondrinas en las grietas de mi pared.

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