HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La angustia de la formación de la frase, bajo la oblicuidad de esa soledad inquisidora, devorándote el muérdago de los ausentes... cuando en los patios las hiedras ensangrentan los vocablos del blues y soy despojo y orfandad de tus abrazos partidos en la ansiedad del hielo disfrazando tus tejados de huesos insomnes que perforan la luz en el fondo de tus pasillos.
Cuando subo el volumen de ese adiós para arrullarme en los gorriones de la siguiente baraja del viento en celo de hundir en las palabras desvirtuadas el mezcal de las hachas que la noche retiene en tus ojos cuando en el luto doblas mi corazón con espadas que el poema no podrá acoger.
Ha pasado ya mucho tiempo.. y no trajeron nada de vuelta las golondrinas. La pena siguió siendo pena.. en el revólver de los desaparecidos.. y esa historia acuchillada en el ojo de buey por el que tiraste las espinas del pescado, fadó mil cuentos que sadificó la espera en el tribunal del olvido.
Y estábamos un poco cansadas de mirar muertos a los girasoles y afilar un piano hacia el agujero del cielo... con todos esos huecos sosteniendo en los pechos la crueldad de los desheredados. Por eso te grité mis piedras... de lado a la hoguera que tus bares torturaban en mi página vacía. Y a la deshora procuré que no lo recordarás ni que mi tinta lo retorciera en tu vaso.

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