HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La casa cuelga vagones de tren entre las grietas y ruinas.
No se salvará nada.
No vivimos para mantener en algún indeterminante los bolsillos llenos, ni siquiera salvar la memoria del viejo del maiz y de los cuervos.
Nuestras historia es la de los naufragios.
Lo supe a los 7 años mientras rezaba a un duende por otro destino. Sufrí muchos serruchos tratando de evitarlo. Hoy lo sé. Hoy lo canto con las armónicas de los vagabundos. 
Cuando tengo miedo me abrazo al espíritu de un lobo.  Al espejo líquido de la galerna entre los ojos enamorados de todos esos campesinos de los ocasos y del salitre.
No haremos familia. Nadie se quedará a cuidar las flores ni la casa. Un día un grito neurótico de la enana blanca amarrada a la pasión de las ballenas nos pulverizará, memoria avasallada que sólo recordará la luna.
Y nos iremos, como todos esos miles, a las huellas dactilares de la tierra mojada por aullidos y caminos pulverizados en el océano.
Y la historia acuchillada entre un poema y el olvido, navegará junto a todos los nadie.

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