HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La entropía del recuerdo, de la línea de tu mano, al tango y a la lumbre de casas abandonadas subidas a los hombros de un pecado descalzo en el cabalgar de tus cielos destruidos. De tu mano cuando el arpón lascivaba las mentiras que nos contamos cuando éramos desconocidos.
La fe se fue a tomar por el culo, cuando el fruto de mi noche, era en tu casa, el motivo sucio de la literatura. Y detrás de los ojos, adivinaba otra vez el teatro, el norte que habría que perder. Porque no tenías las palabras que yo no tenía, y el vino jamás perdonaría, el ocaso que punza.
Yo buscaba lo inalcanzable. Las gardenias asumían las heladas en las celdas de mi insomnio.
Esas despedidas fueron dulces encuentros con el mar. Cuando ya no quedaba nada, pero los perros seguían bailando. Saberse amortiguación de un despecho del rayo, en la máquina de escribir descosida de tus mariposas. Y darlo todo al mundo que aún no había nacido, porque sacaba ventaja la inexistencia y pegados al ron y a los pirómanos borrachos, a los amantes del naufragio, de las pulgas en el guardarropa, de las historias de las que nadie querría hablar, levantamos esa Isla, para morir con el piano de fuego tan dentro que ninguna otra ausencia podría robar la música.

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