HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La noche. Hay un canto de maullidos como nacidos del suelo resquebrajado de Poe cuando el pan en la mesa es el cadáver de un cuervo corrompiendo en la aurora esa torcida semilla que engendramos los dos en la nada cuando osamos el amor manteniendo la tierra en la boca.. Aquél romanticismo era un espejo psicótico regurgitando de los pozos cascadas que el LSD en un mal viaje anegó en nuestro servicio y con la insolubre suciedad en la piel, como dos lijas, sacamos de la noche aquél alcohol que hoy sigue atormentando a mi criatura de paja entre mi hueso y la perturbación del horizonte.

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