HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La noche. El hayedo esculpido entre tus huesos ciabogando el viento frío donde mi casa te da su corazón y su escombro y se golpea de mí, huye. El eco del verbo desmenuza los acrílicos de los gorriones donde las sillas vacías acunan tu insomnio y me dejan a solas con el abismo de tu ausencia, robando trazos a las grietas de mi pasillo y amamantando peces donde la noche es la soberana cortesana de nuestras muertes, con sus labios de whisky atormentando a las palabras que buscan. Mientras unos pasos desde la calle rompen tus cartas en mi cigarrillo. No fue lo suficientemente cruel ni apasionado para que te lo devuelva la locura de mis lirios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario