HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

la noche.
el pulso del fuego.
recuperar el éxtasis que humilla ante la muerte los balcones de tu espanto
arriegar la conexión neuronal de la pólvora
volver al exceso de serotonina en la expiación del Leteo
al teatro con tu cadáver sobre mis hombros
con las bragas de la medianoche entre los dientes
aunque pagarán los ahogados tu belleza en mis cicatrices
cuando desposé en tu alma la piedra que rompía esos ojos clavados en mi memoria

vuelvo al rugido sin profilácticos ni contenciones
de la dama de la muerte
bregando del lago
el salpica de la arista que en Mercurio cabalgó sobre tu sexo
el derrame de un poema en la pared que recogía los pecios de la bala
y en tu frente penetró mi olvido
200 metros bajo tierra
cuando tus labios de naranjo sellaron en mi espalda
las garras de esa bestia que en mi pecho, bebiendo de tu palabra
habló en nombre de los que nunca fuimos 
y peleó el perder del cielo en los naipes voladas de la cólera de las brujas
succionando el secano de la tierra
con legañas de los olvidados llorando sobre los olivos las palabras que amasacraste en mi perdón

y ya no pude devolverte el hilo

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