HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

la senda de la sombra del naranjo dando vueltas a tu espada
el fruto del delirio desvencijado en unos ojos-escalera al sótano
devolviendo en tus pinturas el murmuro del oleaje en la raíz del ciprés
ardiéndose hasta la furia de un silente de eclipses derramados en los dedos
cuando los versos perseguían a tus cortesanas
y en mi casa muertas de miedo las ortigas rasguñaban los tejados
que sujetaron tu tormenta donde mi nostalgia se fue con otro
y el vino crujía las estaciones de dos extranjeros atados a los mástiles del mismo barco hacia el infinito
cuando dar paladas a la tierra, era sudar la penetrante distancia de los abandonados
trepé por tus palacios derruidos la sotana de daturas con aguaceros empáticos de tu abismo pegados a mi sangre desde el fondo de tu voz, como una explosión nuclear
y hallé la pobreza
y sobre y bajo ella... el beso negro del whisky en el sepulto en el que lloraste la costura de mis vencejos... enloquecidos por tu belleza y por tu jamás
aunque fuera en ello, todas las derrotas

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