HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La tarde está tranquila y silenciosa.. tostada de lenguas de mirlo y barracón, ausente del fondo de tu vaso y la impostura del verbo en la contradicción de esa espada y ese narciso. Se descuerda sobre las alas de las urracas y golpea ojos de buey donde el vacío de las manos amamanta el frío de la lluvia. Te invoca sobre un libro descatalogado y nos escribe a las bisiestas con el cuerpo dentro de la mar y el corazón en el cebo de la galerna.. despojados de todo lo asible, amantes y bestias de la ternura del rayo y las hachas del secano de la tierra que besó tus pasos cuando llevabas ese asesinato escrito en la deriva. Cuando había que sacrificar un nudo del ombligo y nos ensangrentamos de etanol hacia el orificio del teatro, donde el tú y el yo en una mariposa adicta a los paises que se ahorcan.

Y muchos con los que alguna vez aullamos el vino y la desventura y nos subimos a los caballos del fin del mundo, se hicieron caparazón de tortuga y empuñe de cuchillo, encerado lleno de números, polvo en el bolsillo o el pretexto de la siguiente botella si ya está perdida la batalla.
Porque el camino se levantó sobre los muertos de nuestra despedida. Y fue la ausencia y no lo conseguido lo que grabó la pasión de la luna. Porque a veces fuimos culpables y a veces víctimas, pero sólo dejamos al fuego bruñir la siguiente palabra. Y ninguna herida fue principio ni ningún paraiso casa. 
Muchas historias acabaron en el suelo de un bar, cuando ya no quedaba nadie, y el vino nos ahogaba a las ratas y al futuro. Y otras de pájaros migratorios que a veces en la luna de marzo vuelven a amar lo amado. 

Y el juego fue sobretodo con la soledad y con los perros.
Las personas nos fueron accidentes. Y también a ellos les fuimos la merca ambulante de un tango del delirio.

Nunca me interesó ganar al ego de la gente. No me interesó ponerme encima de la asquerosa cumbre de la razón y el orgullo y menos de la gloria.
Pero tampoco puse la otra mejilla. Y cuando me llevaron el brazo, hice con mi otra articulación un buque de madera de tejo y me fui al abordaje de mares desaparecidos. 
No tuve miedo cuando en las manifestaciones cargaba la policía. Siempre hallé un éxtasis y un orgasmo metafísico en esos momentos de exibicionismo y avalancha política. Acabé varias veces en comisaria y en el manicomio, por ir yo sola contra una multitud y un furgón de los maderos. Nunca me sentí tan libre como aquella vez que tuve sangre de policía en la boca.
Pero a veces fui también todo lo inerte y lo inmóvil. Mordida por una náusea de enana blanca... de crisálidad mamando de la luna la huella de tu extraviado amor. 

1 comentario:

  1. Piedra, ola, nube, insecto, trapo, porción... incluso hombre y mujer, y hasta cosa... Todo, menos la muerte uniformada y uniformando.

    Salud Mareva!

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