HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Las palabras duran, los dados de la flor de loto marcando la casilla de ese infierno con tu víscera derramada donde sólo soy cristal.
Me abrazaste con las paladas de tierra, el poema agónico que te buscaba entre los muertos.
Y en mi alma se derramaron los cauces del río del olvido como el fetichismo del cuervo en las lanzas que hacia la luna levantan la mano vacía de los avasallados..
En mi locura quemé el favor de los bares y la suerte. Cuando yo era las minas robadas del rey salomón por la ruleta rusa de un horizonte digerido por el pájaro extraviado.
Me excluiste de las piezas de etanol del piano en ese réquiem. Y creció en mi fragilidad la armadura del destierro. Regurgitando la canción de tu cuchillo al lobo negro tragando las flores en las llagas de mi piel.
He cantado a tu muerte profanando en todos los cadáveres las líneas de mi mano.
He traicionado y prostituido todo cuánto de ti y amé a tu lado.
He vendido a los poetas suicidas tu perdón y el mío, a cambio de una botella de mala ginebra.

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