HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Late el hueco de ese mar.. en tus teclas despedazadas del piano insomne de caminos deshuesados cuando en tus ojos acaban todos los poemas y se dan a la nada y al látigo de lo irretornable. Y lo devoras como luz del alba en el papel de calco de los libros que no se volverán a abrir. Y en los bailes del cascajo tu tiza es el único zapato para mi viaje de helio, aunque obligue al olvido y al jamás.
Llegamos aquí por muchas sendas, ninguna pagó tu vino ni el mío. Llegamos por la obstinación de viajes sin retorno hacia las huellas dactilares del pomo de la puerta de esa Itaca suicida. Y nos dedicamos sólo a la guitarra desafinada y al barro dibujando elefantes. Con un jodido ejército en la letania de la viuda y en su promesa de murciélagos. Mientras se caía a cachos la casa en la risa de los perros. El sueño invocaba tu tren de madera en la cicatriz de mi brazo. Nos fuimos quedando solas mientras escarchaban los álamos.. los corazones abiertos del mediodía cosiendo los labios de muerte en la boca del río.
Hoy vivo detrás del espejo de la casa-árbol. Cantando liebres donde tus criaturas noctámbulas lloran constelaciones con cañonazos. Con mi fragilidad expuesta a todo lo exterior sin coartada ni pronombre. Con la nostalgia como un paño secando el vaho de las ventanas. Y el anhelo de un barco pirada en el pus de una pisada de petricor donde los ciervos sangran el infinito.
Soy todas las pérdidas en el tormento de Kafka. También vi el espanto en los ojos de los niños moldeando del infierno la llave que abría las hogueras. Pegados a mi alma, como maza y cantera del cierzo en tus escombros.

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