HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llamé a X. antes y le dije "¿te acuerdas cuando quería ir a vivir a un manicomio y dar paseos por el mar? ¿y cuando quería irme con los zapatistas? ¿y cuando íbamos a plantar un limonero en el tejado" Y me dijo " y lo conseguiste, vives en un manicomio de artistas y liberados, sino hay tienes a P. y a Z. y a Y., que si lo cuentas no te creen" Y me carcajeé. Y el sol se volvió amable y enamorado. 
Y tu pobreza no le dolió a la  mariquita que se va desde mi dedo meñique, empañada de salmuera. Todo fue la culminación de Peter Pan y un machete.
Aunque hoy cuando ella se despertó, se puso a llorar porque le duelen los huesos.. y se puso como una metralleta a estresarme la deshacienda, de "ay como tienes la casina, la casina que era de mis padres, ay todo tirado por el suelo y el perro está meando en la madera y se va a pudrir y se nos cae toda la casa, se va a caer toda la casa" y yo "no seas exagerada, cuánto te gusta exagerar, tú mira las cosas positivas, esto ya lo recojo yo por la tarde... cantan los pájaros, todavía están ahí los chopos, no quieras deprimirme"
No suelo escribir sobre lo cotidiano. Porque a veces está demasiado arraigado a la amnesia de las cigarras. Aunque creo que precisamente cuando no escribo sobre ello, y lo sufro, se acaba dando una disociación en mi ser... que el poema abisma en una utópica imposibilidad de arraigo del verbo.

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