HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llego a la casa. Y estoy contenta también.. de hallar la cotidianidad de aquí, el murmuro, la ternura de Hierro, la humanidad, el sonido de las brasas, esa guitarra mordiendo las paredes. Estuve mucho tiempo aislada en la montaña.. y aunque continuamente busco la soledad en la escritura, hay una banda sonora, de vino y arcilla, de movimiento, del roce de otra vida que también tiene su hálito de sidra y de belleza.
Espero no estresarme y aprovechar también la canción que aquí se derrama. Llamar algunos compas para rondar las noches de diciembre.
Kavka y Hierro juegan juntos. Y es bello sentir también la danza.. la simbiosis de la pupila y la mar.
El aislamiento a veces me enrarece, me lleva a metafísicas de moho y extremo. De desarraigo. Y aunque también amo la conexión del dadá cuando el suelo desaparece. Tengo un instinto social que en la brasa de la vid devuelve un eco y un mapa que me halla en el movimiento del beso y del alarido.

Son momentos de picos, de curvas y giros de 180º sujetos en el éter.
Mi vida ahora no tiene ancla. Desde hace ya 3 años. Antes vivía la contención en la quimera de un paraiso, la trampa de esa pasión, el corte de las venas y la nave que ardía, en el latido de K. Aunque un agujero de gusano conectaba un libro Imposible en la legaña de la luna.

El abuelo murió en Abril.
Mayo fue un mes de golpes de nitroglicerina en los diarios de las orugas.

Y todavía floto en un crujido de lo irretornable. Atada al olor de goma quemada en la autopista. Con medio corazón de salitre desvistiendo máscaras en el pulso de un infinito de papel de carlo en Marte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario