HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llevo escribiendo con necesidad de escribir desde los 15.  Recuerdo ese curso de 4º de la ESO... yo me sentaba en la última fila, al lado de la ventana.. y cuando me aburría escribía esos versos o esos accidentes, tal vez entonces había más pus y más esperanza, mucha menos experiencia en el olvido y en el fango, no se posaba la huella de la carretera volada por los aires sobre los hombros ni en el empuñe de un cuchillo, y aunque todo fuera una mierda tenía la convicción de que un día viviría dentro de un barco y que "pa lo que me queda en el convento me cago dentro". Como me dijo una  vez un compañero en los calabozos, cuando ya nos iban a llevar a los juzgados y cagó para que lo recogiera la policía. 
Luego a los 18 empecé a escribir en contra de la hechura. Y me aislé. Encontré el sustituto del amor entre metáforas, la aguja para hacer los puntos de sutura en el agujero de un cuaderno. El coágulo en un patíbulo de un manicomio con todo el verde amotinado para echarse como leones contra la burguesía.
Y ahora sigo escribiendo, para no convertirme en un planta. Aunque tal vez dentro de poco prefiera ser un girasol o un junco doblando las espadas.
Las palabras duran muy poco. Los versos no nos aman nada más que un segundo y media botella de vino cuando los pies ya no están en la tierra. La memoria de la escritura ha firmado un anacoluto con las sirenas. No hace arquitectura, no mantiene el faro ni izados mástiles. Vamos de la hambruna al saxofón, de las libélulas a las tumbas, de la nada a los molinos locos con aspas ácratas de campos invictos al aguijón de la luna.
La soledad es un jodido recurso literario y su tormento la antagonia que necesita la inspiración. El cuchillo que nos corta la yugular es el mismo que quita la ropa a las musas y las encama en nuestro gozo de imposible. La tierra removida y las arañas caminan al lado de los cervatillos y las anguilas. Todos empujan éste elaborado absurdo del amor sin pronombre, del sueño de gigantes aplastando para siempre a los reyes y a las patrias.
Mi corazón tan solo en el desierto o en el rastro.. hierve su datura cuando la aurora te abandonada. Yo soy tú y ceniza, acordeón desafinado, el tercer vaso de whisky, la carta que no envió el suicida.

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