HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llueve. Tengo un lejano recuerdo del hogar, un perfume de mi infancia, del amor a la maleza, al secreto del agujero de la pared, a los pasillos de zarzamora crujiendo un río sobre una tempestad de mariposas en la herida de tierra de un camino de robles. Una sinestesia anacrónica del amor a la vida, mucho antes de comprender el rollo de la sociedad.
Todxs alguna vez fuimos libres, porque no había nada predestinado en la idea de la realidad, porque nos importaban una mierda las anclas y glorias y prisiones y solemnidades de los mundos de los adultos, y no teníamos ni idea para qué servían la mayor parte de lo que ellos hacían y no nos importaba.
Yo empecé a ser desdichada en la escuela, cuando empezaron a llenar mi camino de direcciones ajenas, de imposiciones, y lo hacían desde el poder y la autoridad, la manipulación, el soborno.
Mi vida antes de eso... era correr por el monte, abrazarme a perros y corderos... amar a todo lo que me hacía reír, descubrir en un instinto etéreo algo que ya sabía.. y andar sin miedo al peligro, sin cautela, porque el mundo de lxs niñxs es el del viento, el de los pájaros, el de la magia y los duendes.
Después empecé a oir los llantos y gritos en mi casa. A descubrir la mentira de mi familia y su esquizofrenia. Y a ver en todos los sitios a personas que no amaban la vida ni la libertad. 
Y siguió la escuela, el instituto. Y siguió el adiestramiento para que me volviera un cuadrado con capacidad laboral, para que pagara mis impuestos y retribuyera, para que no me levantara contra el poder capitalista y la moral hipócrita y mediocre, para que defendiera una patria de lombrices y su democracia descompuesta y herida de muerte por la usura. 
Pero yo no me quería ir con los jaguares. Y elegí la locura, antes que adaptarme a una sociedad enferma. Busqué mi idioma, el idioma de mi niñez, el verdadero idioma antes de que llegara la imposición del lenguaje nacional y de la cultura y de esos asquerosos vasallos del capital y de la vejez.

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