HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Los cuadernos expiran en esas pieles de manzana debajo del puñal de una anciana al lado de una cocina de leña, acogiendo en su memoria, madre de la pobreza, golpes de guijarro de los vencejos cuando nos revolvemos contra las palabras y sólo ella ha tenido las rutas que la noche acuchillaba sobre la rosa de jericó.
Hoy hablamos demasiado con las piedras. El papel no recoge tus alaridos desde que en la vuelta de campana de marzo, salimos perdiendo los futuros, acunados por la flor prohibida que atracó en tu trashumancia los desechos de mi viaje al olvido.
Es raro. No porque te nombre con el vaho de las ventanas, puede hacerte morada mi vértigo. Y las palabras por ser no detienen nada. Vamos empapando la arcilla de las golondrinas, en el sabotaje del verbo. Sin nada qué ofrecer sino la negativa.
Mientras todos esos caminos de primavera en armas, desvencijan lo que creí posicionar en la Obra desde nuestras ruinas. Y otra vez somos los ladrones. Mendicantes de un abrazo último de Mercurio. Con ese corte en las muñecas desde tu espejo.
Cien pasadizos de desierto, en mi pasado expiaron tus besos en la negrura del licor.
Yo los reconozco todos como míos. Y me sé la tirana de sus versos rotos. 
Seguí no por romanticismo, sino por pobreza.
Vi abrirse en canal tu abrigo en la helada negra, cuando los tulipanes flaqueaban la violencia de tu exilio y manchaban en todas mis vidas cartas que jamás llegaron y una sombra aguardaba pegada a los balcones la certeza de los fantasmas en los golpes del cierzo cuando no quedaba tierra que asir al salto al vacío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario