HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me abro una cerveza, suena una de Neruda. Los muñecos de nieve se mueren de pena, en tu desértica habitación, despoblamada por la belleza furtiva que nos acusó de haber amado demasiado cuando no había ni mundo ni muerte que recogiera ese amor. 
Ya no se enloquecerá la tormenta por llevarte los pecios de un canto que vuelvan la humedad a la huella derruida de tu ruta de éter. Se quedará con los nadies que hayan levantado el corazón de las ballenas, cuando todo es espanto.  

Tengo decenas de cuadernos, comiendo carcoma, en cajones llenos del óxido de las palabras gastadas en el filo de un cuchillo que buscaba margaritas en la nieve. Y halló en lo marmóreo de tu ausencia mi derretido espejo desmembrando el nombre que le pusiste a mi duelo cuando la tumba no podía secarte los ojos.

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