HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto... algo triste, herida por abstracciones. Hay mucha niebla y la escarcha. Algo que se silencia como una llamarada de tierra removida en los picos de las urracas. Lo bueno de estar en la montaña es que no me entero para nada del rollo de la navidad. Aquí sólo están los montes, el perro, un poema endeudado en el incendio que revierte la digestión de esa distancia donde tus papeles no vuelven a hablar de ese marzo. Yo hago como que no va conmigo. Vuelvo a esparcir en lo inefable una libélula de cartón que ha cruzado tus calles ebria de llegarte donde empiezan todas las despedidas.
Lo árboles están preciosos.. entre la niebla, bajo la mordedura de esa luz medio olvidada. Mientras los pasos boicotean en la senda la extensión de tu pupila y calla a mazazos el invierno que succiona de tus faros un escritorio roto en mis pechos.

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