HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto..algo preocupada por la ausencia...  Anoche tuve un mareo muy intenso, una rara sensación de enfermedad y de abismo. Y hoy abrí los ojos, echando de menos la alegría. Otros momentos de la inspiración y el comulgar de todos los segundos con el poema, con la vida. Sentí la nostalgia del zafarrancho hacia lo vivo. De la juventud y el dadá.  Me sentí muy vieja. Totalmente a la deriva. Con una granada de mano en el coro de esas bestias insomnes acicalando el alba con turbias canciones de la destrucción.
Algo tengo qué hacer. Y sólo lo veo en la escritura y en el espíritu del perro. Algo tengo que incendiar en los cauces de mi indigencia. Robarle un motivo a las amapolas congeladas. Luchar por el deseo, por los chopos desvistiendo los lienzos y la desesperanza. A través de la utopía del desapego y la descreencia. A través de la apología al fracaso. 
Acá ya no habrá un destino humano. No lo necesito para ser feliz. No necesito un oficio, ni un horizonte, ni un pasado que rememorar entre las gaviotas. No necesito alguien que me ame. Todas esas dependencias nos las han inoculado los mercados de ésta apestosa sociedad.  Lo que yo necesito es la música de la sinergia. Es la conexión total con la materia inerte y con el viento. Es la armonía de lo amorfo y de lo salvaje.  Amar la luna y la mar. Desear infamemente lo que no se puede comprar ni siquiera tener.  Ser cada vez más niña. Sorprenderme por la lágrima de cartón del olmo sobre el espíritu de los jabalíes.  Por el papel de calco de tu epifanía devorada en el opio.

Todo en mi vida es absurdo, susceptible de salir volando por los aires, remando el esperpento con el humor negro de los insectos aplastados con su aguijón clavado en tu alma. Todo es vagabundo.. desrrealizado de la Obra, del porqué, de tu casa.
Yo soy el caos.. el tambor de los desheredados, la amnesia de la golondrina. Vivo en la cuerda floja y mis brazos son unas tijeras, mis pies son pis de gnomo, guadaña y grito.
A medida que pasa el tiempo y se va muriendo la gente que está a mi lado. Yo me vuelvo mucho más indigente y etérea. La tierra no es mi hábitat.
Yo no puedo pedirle a mi vida, ninguna morada, porque eso me llenará de tristeza.
Tengo que alzarme desde la cumbre de la nada, al parapente de las libélulas. Al nudismo de la tierra mojada. Al sueño de los acordeones del país de Nunca Jamás.
A mí el realismo nunca me ha hecho favores, ni me ha valido como ejemplo ni arquitectura, ni como dirección ni aprendizaje. El realismo en base a las nociones humanas en un motivo depresor y feo, un boicot a los pájaros. Una caja registradora. A mí lo que me sirve... es el fervor de la metáfora. Es el amor cuando ya no queda mundo.

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