HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto... en una amnesia.. no recuerdo bien lo qué soñaba. Me despierto con rabia ante el poema, ante el que me llegó ausente. Como si algo se hubiera ajado en la pronunciación de los que se marchan sin nada. Algo que no piensa con claridad, que no tiene la suficiente pasión para succionar de ese papel el derrame de tinta en tus horizontes. Algo que late en el duelo de no sé qué pájaro cruzando la noche de los olvidados sobre la carcoma que escribe sobre tu piano el grito de diciembre. Es algo más profundo que la soledad. Entre el naufragio y la desnudez desbordada en la mar. Una desilusión abstracta. Un pavor al sentir el verbo de la escritura, gris y descendido en la heroina de esas postales que llegaron como hijos muertos el 1º de enero, en un lugar equivocado.

Tengo que seguir.... aunque el viento desconozca el beso de tu tumba en mis entrañas.

Antes pensaba en el 2017, la rareza que me suponen los años y también sentí cierto pavor a que corra el tiempo, a que se destruya lo que hoy me sostiene en los álamos. La certeza de la muerte. El ausente amor resbalando en botellas de vino que en las manos de los espigadores hilvanan un collage de aullidos lejanos que la mar revienta en sus brazos. 

Pensé durante un segundo en K. y en que en éstas fechas a veces me recordaba.. me pregunté si me recordaría... Luego pensé "yo nunca formé parte de su puta navidad" Ni un trago de vino, le traerá el hoyo donde yace mi guitarra.

Pensé en la enfermedad de X.
En las habitaciones de los muertos de la casa del pueblo.
En una depresión de vino, regurgitando palas de tierra donde vuelven las garzas.
En el olor de la mar.... cuando la espuma revierte la palabra que dejé grabada en la piedra con tu ausencia. 
Y el ni fu ni fa.. de ese tambor en los almanaques. 

Todo esto que pienso por las maañanas, no es un pensamiento, no viene con la inteligencia, ni con la formación de ningún enunciado, son suspiros de arquitecturas rotas. Son golpes de entropía donde tu mesita quema los cuadernos.

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