HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me echo una taza de vino... me dejo ya ir... te despido en la grieta del cielo que ensancha la voz de un olvido y un vómito de tierra en la mueca cautiva de tus espejos, y se reviven los pájaros porque ningún verbo ata al destino de nada ni de nadie. Los papeles se desordenan y la poesía se queda en carne cruda para esas criaturas de la noche que atormentan la esperanza. Giran en tu habitación la epístola quemada de aquél agosto cuando se congelaba en mi vaso el suspiro del río, cuando al pulsar el callejón en tu espalda boqueaba la muerte a tientas de amarte todavía mientras se morían todas las ciudades de pena en tus ojos amarrados a mi naufragio. Blablabla.. todo literatura y retórica. Todo puro teatro.. en el canto de la oscuridad de la montaña, para llevarse algo a la boca cuando los lobos penetran en el cielo la soledad. Mienten todos mis poemas cuando hablan de alguien en el amor y en el desamor. Acá es un gramófono sosteniendo la puerta dentro del fuego. Los ojos abiertos de un perro en la cresta de la nada tecleando en mi espíritu vieja memoria del ayahuaska y del vals. Todo es un monólogo interior entre los yoes y el silente de luna. Es ilusión aquella mano en mi mano cruzando un callejón. Excepto él y ellxs... los que en mis párpados respiran la guitarra del vino y hacen que los escenarios tengan brasas y golondrinas de cenizas, de vez en cuando, como ese asalto a pecho armado en la soledad de las simas, en el farol de las grutas empañado de absenta la tristeza de los murciélagos....
Pero acá dentro estamos solas de esa X. despejada por una bala en el corazón de Mercurio. Y es suficiente para amar el secreto de la noche. Atreverse a seguir cavando entre dos palabras el poema de heroina en las quillas de esas barcas que persiguieron tu belleza sobre los muertos.

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