HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me gusta mi vida de ahora. Aunque no ame a nadie como alguna vez amé. Sólo a veces me pongo triste, cuando me pongo triste soy como un cielo abollado en las pezuñas de los búfalos que van a morir en las mandíbulas de la leona. Cuando me pongo triste, todos los muertos de la tierra vienen a clavarme martillos en las conexiones neuronales y sufro el espanto. Pero soy tolerable al espanto, porque lo caminé en los viajes de mi mente y sus estados de conciencia. Lo viví con la datura hasta el desfallecimiento de la realidad ordinaria. Lo escuché en la locura como el suicidio del sol. Y sobreviví. Pude regenerar la vida, desde aquella muerte metafísica. Aunque soy muy sensible a la llamada del espanto de mi inconsciente y a las aristas de los circos sociales, soy muy tolerante con los pozos y el fango. Porque también canté la alegría psicótica, esa que nacía desde el infierno y la más dolorosa pérdida, el fervor del ave fenix entre los cadáveres. 
Durante algunos años, viví en la insoportabilidad del ser, con la cuchilla del suicida cada día bañada en el vaso de mi mesita. 
Me era mi propia enemiga, cruel e inquisidora. Tomaba a mis vísceras como una psicópata y en mi ardor de destrucción de la máscara, destruí mis sentimientos y las anclas en la tierra. Me tomé a mi misma como un ejército y como un teatro, una tropa de insectos y de esquelas, de parricidas e indigentes y sepultureras, de desaparecidas y espías del río del olvido. Viví con los movimientos de la metamorfosis y probé en mi pensamiento todo lo posible, fui creyente hasta el manicomio y atea hasta el cuchillo del nihilismo. Fui sólo heterosexual, luego bi, luego asexual. Fui mujer y hombre y lobo y cucaracha y viento. Alguna vez utilicé el sexo como conducto metafísico. Utilicé mis sentimientos de amor a ciertas personas, como Babilonias y barcas sobre el leteo, como musas de la literatura, como el cristo de la cruz. Fui romántica hasta la putrefacción del cadáver de Wherter, suciamente monogámica, luego aposté por el amor libre y la fiel y evanescente infidelidad a cualquier tú.
Ahora me siento mar y niebla. Liberadamente pobre y ceniza. Ya no juego esas puertas. Ya fueron dentro del laberinto. Ahora soy de la madera en el vientre del caracol. Soy anciana de esas pasiones que yacen en mis pechos como amanitas. Soy niña perturbantemente del aullido de la noche. Soy de otro mundo hasta la pulverización de la tierra, y jodidamente de éste planeta, hasta el llanto de la tramontana.

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