HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he dado una ducha. El agua me es una brujería de luz, una conexión de la herida con la luna. En los momentos más jodidos de mi vida, dentro del agua, hallé un motivo para no cortarme las venas, sobretodo en la mar.
Ahora ya todo se va silenciando, infiel de la escritura, del recuerdo, y del amor y el llanto. Frío del ardor de diciembre. Sepultado en la mandrágora, en las pesquisas de tus postales de etanol robándole campanas al sepelio.
Ya no tiene ganas de hablar el hueco inquisidor de los vencejos en las rupturas de tu pared. Y es desde otro lugar mucho más gaseante la palabra y el tiempo. La ausencia de esa mano baja las persianas en caminos desvalidos y hiere lo que nunca quisiste salvar del sótano de los libros cerrados, con ese dedo asomando de la pitonisa, clavándote el rubor del océano donde no articulas ni un sólo paso y ninguna casa es tu casa.

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