HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me voy en media hora.
El perro. El viaje. Hierro esperando en un balcón.
Dejar atrás las montañas nevadas.. y caer en esa llanura, en las líneas de la mano escupidas por el aullido de la urbe. 
Los gritos. Los pasos de cebra. La ausencia de los jabalíes y de las reses. El quebranto de los hormigonados. De las luces de neón. Y lo peor de todo escuchar la apestosa navidad del capitalismo insultar a la inteligencia y a los pájaros, a la justicia social, en la triste ciudad de los mercados y los que  viven apilados en avisperos sin pólen. 
Con parques que prohiben meter a los perros y cierran por la noche.
Con árboles dolorosamente amputados y en fila como si fueran cagadas del corte inglés.
Con tanto asfalto tapiando la tierra y las hierbas.
Los tubos de escape. Los escaparates de los maniquies y la prostitución. La gente que ha olvidado vivir en sinergia con la naturaleza. La sociedad que amasacra la vida entre edificios y carreteras, grandes superficies y esperpento. Donde no hay libélulas, donde no hay venados, ni zorros, ni lobos, ni águilas, la vida es una mierda, un artificio, lo transgénico. Lo que nos está destruyendo.

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