HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi vida ahora es un escalextrix borracho de lluvia de barracones encima, en los dedos de Franquestein. De vacaciones todo el año. Todos los días son la puta navidad y los santos se masturban como locos del exceso de entusiasmo y divinidad de los desheredados y huérfanos que se me suben a los hombros para cruzar el fango enamorado de los sin mundo, sin obra, sin horizonte.
Hago lo mismo que hace mi tabaco, el perro y la mandrágora, para hablar con el cielo, para amarte, para quemar la casa.
Me entrego a la albura de lo que no hace absolutamente nada y canta, me atormento y me salvo con la belleza invicta, con el anacoluto, con la indigencia, con los topos mordiendo en tu madre mis cubos de la basura y mis flores.
Nos vamos con la cerveza y con la tripulación de los muertos que a tu oido confesaron las razones del desastre desposado con la ternura.
Nos quedamos en el fuego de la deriva. Con una mano llena de huesos en la faz del paraiso, con cien perros en la barca del infierno. Entre la sombra y el éxtasis de los malnacidos amortiguados por el imposible, impostores de la tierra, ebrios farsantes de una civilización grangrenada en los genitales de Mercurio.

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