HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Pasta en tu voz de traficante y de espigador, la desolación de mi pared amarrada a la sangre de la rosa. Escoltada por hierros fundidos en la coraza de tu ausencia. Tratabas de evitar la carne cruda en el aliento del crisantemo. Ocultar el lugar del daño, con botellas de tequila, con escudos de nihilismo, con carcajas de miliciano de plomo inhalando el desierto.
Tal vez crecimos en el borde de un infiel puñal, rodeados por fantasmas.
Yo también mentí con pólvora cuando tu beso llegó a mi herida. Cuando aquél mensaje en los suelos sucios del callejón perdió el favor de las cabaretistas en mi crematorio.
Del desarraigo, vino la alergia al verdadero amor.
De andar ínvictos y marginales, en ese teatro social, pesando la máscara de la vagabundia y su balacea de alarido y saliva de perro.
Éramos unos completos analfabetos de la desnudez y los sentimientos. Porque la gente que conocimos cuando éramos jóvenes, armó el rencor y la guerra. Porque cuando suicidas dimos la vocal sin protección, hallamos el mal de los que viven en el circo del civismo.
Y nos secábamos las lágrimas y la sangre de las narices, junto a las zarzas o subidos a un árbol, o en ese descampado en el que había un viejo sillón y una bañera boca abajo, y nos sentábamos con el abismo de la soledad buscando los águilas.
Porque nunca fuimos a llorar en los brazos de una madre lo zorro que era el mundo. Y hallamos en el cristal cortante de los andenes, el soplo del bosque, donde los lobos negros vuelven a casa.
Porque crecimos con el estigma de caín y del barracón. Monstruos y Franquestein de la otredad. Amigas ratas de las ratas, e instinto de destrucción y enemistad... ante esos niñas y niños que en la escuela juntaban sus manos para hacer muñecos de nieve.

Por eso amor.. cuando entraste en las radiografías del río del olvido, con tu boca bajando por mi espalda, con tu jazz desarmado sosteniendo mi abismo, me sentí romper en mil pedazos por un vértigo carnicero, por un golpe antagónico del poema que enloquecía mi alma. Por eso fruncí el hueso del ciervo... en el crujido desértico de tu amor en mi suburbio. 
Por eso tú, avasallado como yo de las canciones de a salvo y un buen final. Sentiste en mi frío, el frío de la humanidad y de todos tus años en el infierno. Por eso me odiaste como alguna vez lo hiciste a la tierra. 
Por eso nuestra historia era la historia de los desheredados.

Yo no sabía llevar en mi vida una flor para salvarte. Porque aprendí a caminar a través del frío y de la distancia, del desprecio de la gente y de la apología a la soledad y a los lobos.

Porque no tuvimos en el mismo segundo la hora del vino y del retorno.
Y como dos animales torturábamos el poema.
Porque cuando era yo la que luchaba por quitarme las medusas y los erizos y penetrar tu laberinto, eras tú él que sacabas el cuchillo del Fauno. Y cuando era del revés... y abrías en canal el corazón de la luna en mi cuerpo, era yo la remera de Leteo, separándote.

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