HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

recuerdo en la mancha de mi cuaderno
aquél 11 de abril con las balas puestas, hacia el fondo de la mar
en un equivocado antro de Madrid
cuando éramos suicidas y jóvenes de brevas y de hachís, de granada de manos, de sota de escombros, a la hora de todas las perdiciones, cuando morir y tomar la luna se repartían en tu sexo una apostasia de mi alma... y me equilibraba en tu naufragio como una navaja abandonada

luego todo siguió como todo lo ausente en la mecha de un autobús
ciabogando un perdón de cortar y pegar
una botella de ron y tres calcetines, maleta de madera,  un bombona de butano, un condón de chocolate y de benceno al pólen de la flor prohibida
cuando me moría de frío entre tus brazos
cuando me picaba la vena tu respiración de oboe y de letanía
cuando se llenaba la nevera de gusanos
y los suelos descuarinjados rompian muletas en las palomas
y la carcoma hablaba el mismo idioma que tú en las patas de mi cama

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