HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se desnuca... en el fetichismo de tus pies y el fango... mi clavel cristalino de la noche.
Porque te halla el grito oprimido del fondo del espejo, derretido sobre mi piel, como el primer salto que posicionó al poema, en la pistola del hambriento, con las costillas abiertas al beso de la tundra, cuando las piedras recuerdan el paso de metal del verdugo y los barracones de la madre tierra sueltan su jauría y sólo el desheredado, arrinconado por el sol y el odio con el que llenaron el vacío de sus manos, bebe del piano hasta el delirio.

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