HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se picó el vino...cuando tardaste más de tres meses en saber qué coño había pasado.  Era el efecto retardado del espanto. Estabas pasando páginas de un periódico a la cocina leña, con la tinta derramada en los agujeros de las botas... pensando en que sería importante que alguien se deshiciera de una vez de lo que guarda la habitación pintada de verde. Pensando en que te falta harina y se está acabando el vino. Con tu monólogo interior de los ascensores boicoteados en las urracas. Y esas carreteras que en lugar de llevar, expulsaban. Con ese iceberg manchando tu pecho.
Cuando absurdamente caíste en que en aquél agosto tú llevabas dos muertos de más, para poder haber sido sincero. Y fue como un resplandor y un tejado que se viene abajo. 
No sé porqué la verdad se presenta a veces como un chiste macabro, como una limosna y un mendrugo, con el síndrome de lo errático. Cuando ya estamos lejos. Cuando ya es irrevocable el accidente y la violencia.

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