HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se ve un cacho de luna.
Y allá también tus despojos.
Cuando se muere un amor, el que sea, aunque sólo sea el del trigo y las cagadas de los grajos cuajando en tu guitarra la extorsión del vino o del polvo.
Aunque sólo sea el de los bigotes de los gatos apretando el gatillo.
Se retuerce en el fango la espada del lirio.
El tuyo no daba demasiado. Era más de patada en la puerta y que me monten las amapolas sobre la cama, que me escuchen todas las lombrices, que me devuelva lo robado la cicatriz de la tierra.  Mientras comisariadas damos vueltas de noria en el veneno de la mandrágora. Escupimos barro y espina. Venimos a por lo nuestro que es del todo vagabundo. Y no importa hacerte daño, porque todos los daños ya fueron en el cielo. O ese creyó la equivocada paloma del amor de aluminio sobre los mecheros.. aviantándote el secreto del universo.. liberándote en la pantalla, pero era tu carne, la herida y el cuchillo. Era la mía, bebiendo de los bosques la trampa y el pozo. 

Lo otro lo aprendí de la ratita azul cuando estaba neurótica de las frases que nunca pude acabar. Ensalivando ojos de buey en la coraza de los tejos que envenenaron la lanza del infinito.

Hoy rodeada por perros sigo las engañosas señas de la mar y del amor. Embriagada también por la oscuridad de mis libros, por el eco de mi voz cuando es la pandemia de algo borrado, caido en tu vaso de vino como el ahogado del carnaval galopando los caballos de madera que el incendio tragara hasta callarnos.

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