HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sólo me dedicaré a escribir y a ir al monte con el perro. Debería hacerlo con alguna seriedad, al menos para la sombra demacrada de la luna en la guadaña de tu almanaque. Simulando una fe indestructible, fingiendo hasta que se haga irrebocable, que creo que allá abajo hay algún fruto y una isla. Ahora soy demasiado escéptica y vagabunda, pero puedo perpetrar en el teatro una ficción que otorgue un violín que manipule el agujero negro. Tal vez es necesaria una trampa, yo no tengo la de ninguna divinidad, ni la de un oficio, ni la de la expiación en el amor social o horizontes comunes con semejantes, no tengo nada qué hacer entre las cosas productivas para el sistema,  así que necesito la trampa de la poesía.  Creo que vivir sin trampas y sin quimeras sólo ocurre en los tres segundos antes de morirse.  Tal vez también en la infancia. En el arrebato, en la catarsis del vino y de la luna, en la música. Pero el favor del cosmos y de la absenta, sólo dura un tiempo finito, luego se vuelve al pozo y en el pozo se hace Teatro y se cargan fantoches.

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