HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

son días de amor perruno, de cascos abollados en el camino hacia ninguna parte, con cicatrices de opio y soldadura, con vestidos de payaso en el tendal, despreocupación radical del yo y del hecho, cesión a la calima, al óleo, a la lluvia del revés en tus renglones torcidos, exorcismos de la pobreza de mi casa en los fantasmas del rosal, la fe indigente y abandonada del golpe de la flor del cactus en la herida del horizonte
somos sólo viento
un amor desprotegido lascivando la pasión de una equivocación
de un imposible nombre en la boca

idos... del desarreglo y la impuntualidad
golpeados por una metáfora sin patria y sin destino

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