HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo qué hacer muchas cosas... limpiar la casa, escribir, acabar ese poemario, salir a la montaña con el perro, volver a conectar con la entraña de la vida en la combustión del galope y del amor a lo vivo. Borrar en el espejo la mandíbula de esa violencia que osó acabarlo todo cuando aún no habías empapado el pentagrama con el quizás que defendía la siguiente mano de la mandrágora en el hundimiento.
Tengo que evolucionar la escritura, experimentar esa otra voz del carbón quemado, al mediodía de tus puertas, cuando las paredes son una mordedura del bolígrafo en la niebla.
Tengo que empezar a leer esos libros. A amar cada pájaro del valle. 
Y para eso tengo que recuperar la fuerza y el candor. He estado jodidamente perdida de las canciones torturadas en el reclamo de mis ruinas.
Hay demasiado abandono bajando los párpados al canto de invierno de la abuela entre el mármol. Ese aullido evanescente de sueños domados en la inclinación de la navaja. Ese llenarlo todo de escombros cuando el latido devora en la oscuridad la mueca de girasol quemado de tu olvido.

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