HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tirar hacia el anacoluto, con mandíbulas de polilla. Todas las noches carnaval. Si quieres que te sea sincera tráete la botella de whisky y unas escaleras que bajan a la mar. Alguna vez tus labios fueron el único mapa para hallar el sonido de la luna entre los escombros. Hoy somos ambulancias en venta, entre los criadores de oruga y caracol, entrelazados por el canuto, una noche de las hogueras de san juan cuando el fuego lo tragaría todo.
Tomamos proa hacia el placer y el olvido. Levito absurda tu nostalgia en un papel tachado. Y tu pena y mi pena, es sólo un billete de tren. No te lo tomes a pecho, tómalo hacia la mar y el vino. Nadie podrá encontrar la salida. El amor no se casa con nadie. No haremos nunca casa, nacimos de la evaporación de la espada del quijote en la caligrafía de la aurora boreal. Nacimos pájaros de mal agüero ebrios de barcos corsarios atravesando lo inabarcable con un sueño de salvia y de cartón. Sin semejantes, sin matrimonio, ni oficio, ni el eco de la reciprocridad. Amigos de gatos y de erizos, de la verdad cruel del mezcal. De la barra del bar haciéndote de colchón y de tabla de náufrago.  Siempre marchándonos sin haber acabado nada.

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