HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo nos llevó a la nada y al blues.
Sobretodo fue la ruina y la derrota la que libertó el espíritu.
Todo fracaso engendra una rebelión.

De adolescente, me enfrasqué en la lucha del ideal, contra la identidad, contra el sistema, el instituto, mi familia, mis ex-amigxs, la voz de mi sombra en el suicidio de los charcos. La policía, la ética del ciudadano. Mi pensamiento, mi palabra, mi rostro, mi idea de lo que fui. Mis pecados. Entré como el gas y como la muerte a los sótanos de mí misma. El precio fue la locura y la libertad.

Sufrí la posesión ensangrentada de la quimera. Y fue el dolor y la destrucción lo que descubrió su máscara, lo que penetró en la esencia, a través de mi derrota, a través de la guerra interior entre mis franquestein y mis rosas.

Pero la madurez no vino por lo viejo, ni por el mundo de los civilizados. Vino en el corazón del lobo, en su ternura al partir entre sus mandíbulas la luz del sol. 

Me excluí del sistema social y de sus valores. De todos los humanos cuando mis semejantes eran los perros y las estrellas.

Fui mutando en la persecución del fuego. 
Y en la albura del error y del naufragio. 
Creí en el yo-metamorfo. Creí en mi delirio cuando la otredad me señalaba esquizofrénica. Crei en  mi soledad cuando las personas me eran un suicidio metafísico.  Me pegué a los ojos de los animales, cuando las calles escupían el pestilente olor del dinero y de la usura, del ego y del mal de la falsa democracia y sus verdugos y vasallos. 

También me expuse como una payasa y como el estiércol en los otros. Como una kamikaze. Como la sombra del cuchillo y del fango. Porque buscaba el fuego, destruí también todo orgullo social en las tribulaciones de su asqueroso mundo. Y me saqué las entrañas y me vestí con ellas como un títere macabro del surrealismo de la destrucción del falso ser. Me hice exibicionista de la alcantarilla. Dejé que los otros vieran la función sin que tuvieran sangre para ver su mierda en la mía. Pero también fui infierno, y se lo señalé con la utopía del esperpento y la guerra.
También fui la ausencia. La parálisis y la minusvalía en los lenguajes sociales.
Fui actriz del insolubre teatro.

Y en el amor, fui sumisa de luna y del absolutismo del Ideal de Mercurio. Luego fui su asesina y el fruto del nihilismo y de lo estepario. También fui puta y adúltera del gozo robado a la literatura. Mentí sin traicionar mi palabra. Y usé al otro como un vibrador y una botella de whisky. También fui usada en las esquinas del cabaret por los instintos de todos los burdeles. Viví todas las quimeras posibles como si fueran carne cruda, en mis sentimientos.....y todos eran teatro como los de todos.

Ahora soy asexual y asentimental en esos juegos de máscaras, a no ser que vaya puesta de  vino y de luna. Y entonces canta y mata el poema. Arriesga todavía un escenario y una farsa. Pero el fervor es de la cuántica y del surrealismo. La verdad es del machete y de la amanita.

Es obligatorio traicionar con romanticismo, al otro, sobretodo si es tu amante, para seguir el camino de los solitarios y de los lobos. Para beber la luna.

Y entre lo social, hay que mojarse. Y no tiene cabida nada más que la lucha contra el capitalismo.  Ser cómplice del sistema, es ser un cobarde, un vasallo, un idiota, o un verdugo pestilente y malo. 

Toda la gente que no quiere saber de política, ni les hiere la injusticia, ni opina ni  de los desahucios, ni de los inmigrantes que se ahogan en la mar, ni de los presos políticos, ni de los perseguidos ni de los hambrientos, ni de los heridos por los antidisturbios, ni de la corrupción y peste del gobierno.  Son unos cobardes ciegos y egoistas. Son unos presidiarios que ni siquiere reconocen el muro. Ni tienen ni corazón ni cerebro.  Pero la mierda y la muerte también entrará en su infame paz del bienestar. Porque el capitalismo está destruyendo la naturaleza y la vida de todxs.

Sólo hay un camino, la revuelta en lo social, la negativa, la rabia y el enervante asco y aullido....y la osa mayor y la abrasión de lo solitario en los tuétanos de la penumbra y del humus.
Ser solitarios y vagabundos como el otro lado de la luna. Y ser cóctel molotov y vómito de perros, en la civilización.

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