HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Un rubor de papeles desordenados dando la medianoche en los arpones de un cementerio que vibra las sacudidas de Hamelín en armaduras y espadas de viento negro, cenizo de lo que olvidaron las flores.
Y tu nombre atormentado en mi voz... como barco que arde cuando la orilla es una cuchilla de afeitar expiando cloroformo en tus desvelos.
Pero no lo sabré. No nos miraré en la opacidad del lodo, ni como nido ni como asesinato.
No dejarán de cantar los sapitos en las noches de agosto. Cuando el costado de mi melancolía se llena de champán y la esquela roba tus bolígrafos desde mi casa de todas las despedidas.

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