HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vas seseando el abismo.
Se te quedó el barro entre las uñas.
Se te quedó la tripa-metralleta velando los pájaros extraviados.
Vas como todos los derribos con el corazón fuera de la carne. Como cachorro herido cuando el vino saca las garras y la muerte, al horizonte negado, de sus mundos.
Vas sucio de tierra, de viento y de fuego. Habiendo perdido todas las batallas en su tierra. Pero como una jauría en tu sueño invicto. Con magulladuras en la piel que como azote y golpe helado amarró sus costillas a la luna.
Vas del todo hundido, sin trabajo y sin futuro, con los lobos y las ratas en alma, levantando los violines donde la sociedad nunca ha entrado.
Y cambian de acera cuando te ven pasar.  Les asustan tus ojos hundidos en los ojos de la noche y de las hogueras. Les molesta que ya no hables su idioma, ni uses sus puertas, ni sus filas, ni sus cajas registradoras. Les molesta que calles como calla la mar y los gorilas.  Que no seas cómplice ni dados en su  juego. Que tu esperpento sea la bala que ellos no se atrevieron a sangrar. Les jode tu orgullo de indigente y de bestia. Tu palabra perdigón y animalario. Tus ropas rotas y tus zapatos agujereados alzando el corazón de la luna, donde todos ellos sólo llevaron billetes y mercados. No soportan que seas lo inconveniente con los pájaros en tu sangre. Que llores montañas y ánguilas, donde ellos hablan de Coelho y de un manual de autoayuda para triunfar en la ciudadania. No soportan que escupas sapos donde ellos pagan los servicios de limpieza y comprar los futuros. Y cuando borracho ladras a los viandantes y en tus ojos todas las selvas y alaridos rompen su cielo y su  burguesa paz cómplice de lo verdugo, se mueren de miedo y te mandan a la policía o a los manicomios. Porque los presidiarios no soportan a aquel que se come el muro y al carcelero y nunca deja de tocar el flamenco y la absenta con lobos amándole la muerte.

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