HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo de la calle, con Kavka, y la niebla y la distancia multiplicada del pronombre sobre lo que no sostendrá la palabra. Todo derramado sobre una ausencia, pero es una ausencia sin conciencia de sí misma, sin nostalgia ni duelo. Es, con un vaso de vino, con una vieja canción de fondo golpeando tu lienzo hacia la luna.
Es todo lo que se ha ido, en paz, sujetando una barandilla que mira a la mar y se lo da todo a lo que flota despojado sin casa ni porqué. Es una nueva soledad sin recargos de los bares, sin flores que salvar de la helada. Como si aquí no hubiera nadie y nada se disolviera en el tiempo ni en el espacio. A través del golpe de un escritorio permanece en el blanco de mi página tus historias de aquella primavera del vino y del fuego, sin poder separarlas ni contenerlas de mi vida, sin poder recordar que has muerto y que por eso esas margaritas sangran la esquina del callejón como si acabara de llegar a sus pechos, como hija, como cierzo.

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