HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vivo pegada a la voz de las orugas y de un tiempo extraterrestre que me hace anacrónica la flor sobre tu tumba, la lágrima sobre tu epístola boca abajo en una playa de imposibilidades. Pero nunca será la nostalgia la que pueda arrancar la puerta y hacer camino a los pájaros extraviados. Estamos solas entre cantos de grajo y arena mojada... la senda del verbo se ha hecho infiel y zarrapastrosa. Nos partimos a la mitad en el vértigo de las estrellas y desarmadas damos lo poco que queda al hueco del horizonte como si pudiera robar un rostro al olvido y darle tu cuerpo y tu canto. Pero hemos sido la insensatez de algo incognoscible dando vueltas de molino loco a la abrasión de los ciervos cuando tu casa se llenaba de ruinas y no había sitio para nadie. Hoy seguimos así, enamoradas de algo que no nos recuerda. Extienden sus dádivas las canciones inertes del paisaje y se prevarican en el salto al vacío de una pasión desmemoriada por la bala que atajó la ausencia en tu bolígrafo.
Todo es deriva y campesinos frutos de la trashumancia... entre el amor y el espanto... La zorra soledad y su multitud en fiesta despellejando ocasos a las lanzas que atravesaron tu confinamiento con las invictas sombras de mis libros suicidas.

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