HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Volver a la soledad. Al ermitamiento de los cangrejos entre las tablas cromáticas del pigmento de piano derruido. Y saborear hasta el embrujo la sangre del asalto, cuando el ajedrez de la luna, decapita ese rey en la iconoclasia de tu tristeza.
Te quise cien paises destruidos... en el poder de hipnotismo de tu depresión. Te quise porque eran tan atormentado como mi sombra nunca confesa. 
Luego litros de sangre de gorrión, girando el escenario y la anemia. Cambiando de dueños, los retratos moribundos y carcomidos de la pared de mi habitación. Sin acusarte ni de excesos ni de pasiones mal bebidas cuando la absenta quiere matar.

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