HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy aprendiendo con Kavka a comunicarnos con el silencio, a conectar la telepatía de los animales y del bosque. Los perros señalan como dagas de nitroglicerina cuando se equivoca el camino, cuando se atenta contra el humus del universo y se revolotean y enfrentan a ello, se ponen belicosos e invictos, cuando se traiciona el rugido de la mar. Y en cambio en los momentos de sinergia y de luz.. ellos resplandecen con el alma abierta hacia el alma, dulces e infinitos. El perro y el lobo, es la mejor guía para el camino, aunque el gato lo es también, y el gato conoce más el espíritu de la noche y del subconsciente. El perro oye más los latidos del corazón. El gato oye los recovecos más ocultos. El perro nos recuerda cuando lo olvidamos quién somos con el alma abierta. El gato conoce la oscuridad del espíritu y también nos la señala cuando queremos mentirla. De los ojos del gato no se puede escapar.
Hoy estoy medio en paz. Miro tan bella la montaña. Sin resentimiento con ningún verbo ni memoria. Sin codicia de paraisos. Sin trampas y nudos de sombra. Sólo como viento y como el silente del musgo de las tejas.  
Me mantengo en mi casa de agujeros de hiedra y luciérnagas y topos. Me mantengo en una hechizante quietud de la sinestesia. En un reposo de cierto exilio. Aprendiendo a hacer música con mi nueva pobreza y despojo. Con todo lo que se ha ido y lo que permanece como párpado del océano en el fondo de la maleza.

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