HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy a cambiar mi alimentación... a centrarla en verduras y frutas y legumbres y evitar toda la mierda artificial y emplastificada del capitalismo. He estado muchos meses.. mordida por la desesperación, la desesperación crecía porque yo alimentaba la oscuridad de su heroina. Estaba sumida en un laberinto de criaturas noctámbulas y caníbales.. yonquis del crujido de mis huesos, mientras me separaba de la naturaleza y del monólogo interior... en actitudes de evanescentes golpes secos en el piano de la letanía.
Ahora empieza otra conciencia. Aunque tengo también que dejarme fluir y jugar. Si me pongo conmigo misma como un Estado.. acabaré aborreciendo la transformación. Tengo que hacerlo a través de la danza y del juego. Del corazón de la mar ronroneando en las ruinas el amor.
A través de la soledad... y la entrega a la vagabundia de las estrellas.
Y mi escritura también tiene que cambiar. No puedo usar la múltiple identidad como destrucción de aquello a lo que aborrezco y temo y vive dentro de mí. No puedo usar la trampa de la transliteración para condenar a la censura y a galeras, a partes de mi pensamiento y de mi ser. Tengo que hablar también de lo incómodo, de lo inconveniente. Tengo que ser kamikacemente sincera. Tengo que romper la frontera de la literatura... y arraigar a todos los yoes dentro de la escritura. Sin usar las peleas entre ellos, para supurar el alter ego de mis lunas. 
En el fondo he querido salvarme. He querido sentirme épica y pura.. inalterable, incorruptible. Y he utilizado a la escritura para hacer brujería entre mis seres y potenciar e introspectar aquellos que me traían el océano.
Pero con la abrasión de esos extremos. He hecho algo raro con mi multitud. La he bifurcado. He permitido que viviera un fango de forma oculta en el tormento de mi Franquestein.. lo he censurado a través de la lascivia de la belleza y la supuesta heroicidad. Y lo he mantenido en la oscuridad de mis habitaciones. Y su corazón sediento no ha dejado de atormentarme por las noches.

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