HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vuelvo a la resonancia de las habitaciones vacías, amortiguadas de tu sombra, en el golpe de los dados de tus desvelos deslizados en las pompas de jabón lavando la sangre del teatro. Me sostengo sobre mi angustia y mi desconsuelo, atando metáforas donde nada me sostiene.
La última danza fue robada por esa letanía entrelazada a tu cuerpo como mariposa de barracón.
Se han ido muchas cosas y la noche no ha dejado de tocar su piano de lobos. Resistiendo en medio de ninguna parte, con la deriva penetrando verbos de nitroglicerina, con la soledad ventilando las paredes de tu tango con esas orugas neuróticas del fin. El humo del cigarrillo y de tus ojos, abre en canal la luna en mis escombros. Pulsa el monólogo interior la abrasión de los fantasmas sentados a mi lado... y en algún lugar te sigo queriendo... donde nunca más nos oiga la lluvia.

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