HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya cae la noche. Kavka se ha echado a dormir y ronca la belleza de la luna en el hueco del tren al galope de tierras vírgenes donde preñar la semilla de la nada, con un juego de naipes y de pianos. 
Hoy todo está bien en su equilibrismo de charcos grabados en los dientes de las hoces santiguando el campo con la abrasión de las cigüeñas en su viaje. Y allá una eternidad aurora boreal en la prisa de tu lienzo por ser del todo de la sal y de los gusanos que tocaron esa canción encima de la mesa cuando disputábamos el vaso del fracaso a la salud de todo lo inabarcable.

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